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Mi mascota ha fallecido, ¿qué debo hacer?

El vínculo que se establece entre un animal y su dueño puede ser difícil de comprender para una persona que no haya compartido parte de su vida con uno. Una mascota puede ser más que un “animal de compañía”. Para algunos es un miembro más de su familia, un apoyo físico y emocional, una alegría cotidiana. Esos vínculos se mantienen activos incluso tras la muerte del animal. Pero, ¿qué debemos hacer cuanto lo inevitable llega? En medio del dolor debemos afrontar decisiones prácticas. ¿Qué pasos hay que seguir? ¿Qué opciones hay? Aquí algunas respuestas.

Paula Cámara Esteban

“Aún no me creo que estemos en esta situación. Estos días están siendo de los peores de mi vida, al igual que uno de los mejores fue el día que te recogí para que formaras parte de la vida de mi padre y de la mía”

Testimonio de una dueña que ha perdido un animal

Al margen del dolor y del vacío que puede suponer esta fase, hay que seguir una serie de pautas para concluir esta desgarradora etapa.

Si el animal estaba inscrito en el registro de animales, es recomendable darlo de baja del mismo. Para poder llevar a cabo este proceso, es necesario pasar por un veterinario que se encargará de esta tramitación”, afirma el veterinario Alberto Cortés.

Para el traslado del cadáver, en el caso de Aragón, hay un servicio municipal de recogida de animales fallecidos. Se puede contactar a través del teléfono 010, de 8.00 a 20.00 horas, o mediante el teléfono de atención las 24 horas 976 59 23 16. Esta prestación se limita al casco urbano de Zaragoza.

A pesar de la facilidad que supone este servicio municipal, muchas personas quieren dotar de una despedida más personal y cálida para ese ser tan importante en sus vidas. Hasta no hace mucho, Zaragoza carecía de un servicio que permitiese dar un final más cuidado para las mascotas. Conociendo el estado de salud de su gata, el fundador de Humasservicio de incineración de mascotas–, cayó en la cuenta de que Zaragoza constaba con pocos servicios que diesen un trato más especial en este proceso y de esta inquietud surgió Humas.

Humas, como otras pocas empresas en Zaragoza, se encarga de dar un final digno a los animales. Antes de proceder a la cremación, se habilitan unos minutos para que la familia se despida del animal. Hay una sala reservada para la familia desde la que pueden ver todo el proceso al que se le somete, en ella tienen disponible papel y bolígrafo para compartir su dolor con otras familias que acudan tras ellos.

Fuente: Somos Manada

Dentro de su trato se engloba la recogida del animal y su incineración. Hay diferentes urnas para escoger adaptadas a diferentes bolsillos y, como última incorporación, una de ellas permite que con las cenizas se pueda plantar un árbol.

“Es más que un simple trabajo. A veces me dicen que mi trabajo es duro, pero hay momentos en los que ves entrar a una familia hundida por el dolor y, cuando se van, parecen aliviados y te agradecen el cuidado y el cariño. Esos momentos hacen que mi trabajo merezca la pena”, expresan en Humas.

Para la familia, el dolor puede suponer una fase difícil de superar; por ese motivo, el Espacio Itaca ofrece apoyo psicológico tanto grupal como individual para hacer este proceso lo más liviano posible.

Tras el proceso, Humas habilita un cementerio virtual a través del cual la familia puede registrar a su animal fallecido, añadir una dedicatoria, colocar velas y flores. Cualquier persona –registrada como visitante– puede acompañar el duelo de estas familias colocando una vela o entregando flores.

En Humas, el coste de la incineración para gatos es de 180 euros y para perros es de 190 euros. El pago se puede hacer en el veterinario para facilitar el procedimiento.

 

 

 

 

 

 

Cementerio virtual habilitado en la página web de Humas

Fuente: página web de Humas

Hay muchas familias que prefieren sepultar a sus mascotas para sentirlas más cercanas. “Respecto a ello, hay que tener en cuenta que enterrar mascotas en una zona pública está prohibido. Esta restricción tiene como fin evitar la aparición de focos de infecciones y la propagación de enfermedades”, afirma el veterinario José Ignacio Galán Esteban.

A pesar de la restricción en lugares públicos, pese a no ser recomendable, se puede enterrar a un animal en un terreno privado y propio.

Galán sostiene que, dese hace unos años y con la aparición de la oportunidad de la cremación, los entierros de animales domésticos están disminuyendo en favor de la incineración.

La pérdida de un animal doméstico es algo doloroso, pero hay muchas asociaciones y empresas que nos dotan de herramientas para hacer más liviana esta etapa.

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Universidad San Jorge