Sin categoría

Juan Delgado: Sursum corda

¿Nos hallamos ante una época de cambios o ante un cambio de época?Compleja pregunta. Tras una historia de la humanidad repleta de guerras, colonialismo, esclavitud y desigualdad, el horror, el genocidio y las atrocidades de la Segunda Guerra Mundial supusieron una toma de conciencia colectiva. Más o menos, todas las partes implicadas pensaban -y con razón-, que no podíamos seguir así. Y para ello se forma la ONU, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, la Organización Mundial del Comercio o la OCDE, entre otros.

Caído el muro de Berlín, y comprobado el fracaso del sistema soviético, el único sistema en vigor que conocemos y que nos hace funcionar es el capitalismo, el cual bebe del liberalismo, en quién pretende reflejarse y a quién debe su existencia.

Las razones de la aparición del liberalismo son conocidas por todos. Promotor de las libertades civiles y oponiéndose a cualquier forma de despotismo, -de ahí su simpatía por las ideas republicanas-, el liberalismo fue un sistema filosófico, económico y político que, basado en la división de poderes, supuso el germen de las democracias actuales. Y es que los pilares del liberalismo tienen su basamento en un progreso social en el que todos los individuos serían iguales ante la ley, lo que se conseguiría gracias al desarrollo de una serie de libertades individuales garantizadas por un estado laico y de derecho, y permitiendo el desarrollo natural de la economía de mercado y, claro, la aparición del capitalismo.

Podemos afirmar sin miedo que el capitalismo es hijo del liberalismo, pero un hijo que cumpliendo en apariencia las máximas liberales, hace retorcerse en su tumba a su padre liberal.

Ya la propia Declaración Francesa de los Derechos del Hombre y del Ciudadano resume su razón de ser en que los hombres somos libres, somos iguales y somos fraternos, esto es, que esas tres cosas van juntas. Libertad, igualdad y hermandad. ¿Dejarías a vuestro hermano morir de hambre?.

Y la propia Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América, en la misma línea, expone a las claras que todos tenemos derecho a la libertad, a la igualdad y a la búsqueda de la felicidad. ¿Cuál es el índice de felicidad ciudadana?

Cuadro sobre declaracion independencia EEUU

Y es que resulta claro que tantos años de sumisión al despotismo real y a la Iglesia habían convertido a las personas en esclavos, en mercancías cuya sumisión no les permitía su desarrollo como seres humanos. De ahí, el surgimiento de un liberalismo que afirma el “ser” frente al “tener”. Sin embargo, la única manera de que las personas “sean” pasa por el reconocimiento de que las personas “tengan”, ya que si no, todo iba a ser papel mojado. Y es ahí donde el principio utilitarista del máximo interés cobra todo su protagonismo, llegando a masacrar los principios liberales de libertad, igualdad y justicia social.

Con total seguridad, nuestros padres liberales se revuelven en su tumba. Por eso ya nos avisaba Stuart Mill de la diferencia entre felicidad y satisfacción, ya que es mejor ser un ser humano insatisfecho que un cerdo satisfecho.

El actual sistema capitalista ha dado la vuelta a la práctica totalidad de los principios liberales, de modo que, amparándose en las enseñanzas paternas, ha convertido nuestras modernas sociedades en sociedades dependientes cuyos seres se hallan sometidos, no siendo libres, ni iguales, ni fraternos ni felices. ¿Un mundo en el que hay seres como nosotros que mueren de hambre, de sed, por no tener penicilina, por que tienen o carecen de recursos naturales, en el que hay esclavitud tanto de mujeres como de niños, explotación sexual y de todo tipo, en el que los individuos de la sociedades avanzadas dormitan entre drogas de diseño y no ven o no quieren ver lo que sucede a sus “fraternos” hermanos es el tipo de sociedad que querían nuestros padres liberales?.

Es el momento de que cada uno nos planteemos si estamos en una época de cambios o ante un cambio de época y, por supuesto, que lugar queremos ocupar nosotros en dicho cambio. En los próximos artículos iremos desarrollando estas ideas con la ventaja de que los medios digitales permiten la interacción con los lectores, y esto supone otro de los cambios de esta nueva época. Os espero, con más reflexiones, pero, parafraseando a Wyoming, no mejor, porque es imposible, aquí, en Dragón Digital.

 

 

 

* Juan Delgado es doctor en Sociología y Ciencia Políticas, Licenciado en Derecho, Magister de Estudios Sociales Aplicados, Diplomado Europeo en Acción Social, MBA Y profesor de Marketing e Investigación de Mercados en la Universidad San Jorge. Cuenta con veinte años de experiencia profesional como consultor de marketing e investigación de mercados.

Universidad San Jorge