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Miguel Ángel Benedicto: «Obama, sin estrategia en Siria»

A Barack Obama se le dan mejor las campañas electorales que la gestión de la Administración. Estamos en la semana decisiva para saber si Obama intervendrá militarmente, o no, en Siria y el presidente ya está desplegando todos sus encantos. Seis entrevistas en televisión en un día, múltiples cenas y comidas con senadores y congresistas, llamadas de teléfono y alocuciones donde  se tercie con el fin de conseguir convencer al Capitolio. La pelota está sobre el tejado del Congreso de Estados Unidos. El presidente norteamericano en lugar de tomar la decisión de manera unilateral, como le permite la Constitución, decidió consultar a los legisladores antes de entrar en guerra con Al Assad. El Senado y la Cámara de Representantes tendrán la última palabra pues, según el jefe de gabinete de Obama, el país solo intervendrá si obtiene el placet del Legislativo.

La credibilidad está en juego

Está en juego la credibilidad de Obama como presidente y la de EEUU como gendarme mundial. La línea roja que el presidente marcó al dictador sirio se traspasó con el uso de las armas químicas. En estas situaciones, el simbolismo y la retórica no cuentan. Lo importante es tomar decisiones para ganarse el respeto de los aliados y del enemigo. Los pasos atrás en política exterior dejan huecos que, de manera inmediata, llenan otros.

El Obama intelectual no es lo que necesita el comandante en jefe de la mayor potencia militar del mundo pero es el que ha primado en el inesperado cambio de opinión de contar con el Capitolio para intervenir en Siria. Las dudas sobre esta guerra y la falta de estrategia le hacen compartir la responsabilidad con los republicanos lo que podría tener consecuencias internas y externas. Si el Congreso vota en contra de la acción militar, sería una derrota humillante para un presidente en su segundo mandato, que lucha por mantener su relevancia y ejercer influencia en Washington. Si Obama no actúa será acusado por los republicanos y unos cuantos demócratas como un líder pusilánime y poco creíble.

En el exterior no le conviene perder credibilidad  para evitar que Irán ó Corea del Norte traspasen los límites de las armas de destrucción masiva. El comandante en jefe no puede dar la impresión de que no está dispuesto a respaldar sus palabras con acciones. También podría debilitar su posición a nivel internacional en un momento en que ya están creciendo preguntas sobre el alcance de la influencia de Estados Unidos, especialmente en el mundo árabe. Perder la votación en el Congreso dañaría de manera grave la política exterior de Washington, que estaría en manos de un presidente desacreditado cuyas promesas y compromisos se pondrían en duda.

Opinión pública en contra

Por otro lado, su oposición  a la guerra de Irak cuando era senador y sus llamamientos a la moderación y a la consulta al Congreso antes de usar la fuerza militar le conectan con una opinión pública estadounidense cansada de guerras y una Administración con menos recursos económicos tras la crisis. Según la encuesta de Pew, sólo el 29% está a favor  de atacar a Siria y un 48% en contra.  Y entre los votantes demócratas el 48%  se opone a una acción militar, frente al 40% de los republicanos. Dentro del  partido Demócrata encontramos «palomas» de izquierda y partidarios de Obama. Los republicanos están divididos entre «halcones» y aislacionistas, además de los representantes del Tea Party que están en desacuerdo con todo lo que el presidente apoye.

Compartir la carga de lanzar un ataque con el Congreso, también  le ha permitido al presidente ganar tiempo para intentar impulsar una acción diplomática en el G 20 y construir una coalición internacional de países que apoyen los bombardeos. Australia, Canadá, Francia, Italia, Japón, Corea del Sur, Arabia Saudí, España, Turquía y Reino Unido respaldaron una declaración en paralelo a la cumbre del G20 en San Petersburgo, en la que pidieron una contundente respuesta internacional a las atrocidades del régimen sirio. Las votaciones en el Senado se han suspendido ahora que el presidente de EEUU ha decidido sopesar la oferta rusa: Siria pondría bajo control de la comunidad internacional su arsenal químico a cambio de que Estados Unidos renuncie a atacar ese país.

La administración Obama tiene un arduo trabajo por delante para intentar convencer a los legisladores de que apoyen un ataque limitado y proporcional en Siria. Ataques aéreos ligeros y breves son atractivos porque calman a los críticos de línea dura y alarman menos a los pacifistas que una acción más eficaz con el fin de derrocar a al Assad. Es una operación diseñada para la disuasión con el fin de que la oposición yihadista tampoco quede excesivamente reforzada por los bombardeos contra la dictadura. Todo ello con el fin de lograr debilitar a Al Assad sin derrotarlo y, a posteriori, buscar una solución negociada a un conflicto en el que nadie desea poner las botas sobre el terreno ni una victoria de los grupos cercanos a Al Qaeda.

Problemas en la Cámara de Representantes

En el Senado, de mayoría demócrata, la mitad de sus miembros todavía están indecisos. Pero donde el presidente va a encontrar problemas para conseguir el apoyo de ambos partidos es en la Cámara de Representantes, de mayoría republicana. Los aislacionistas se oponen a cualquier uso de la fuerza en el extranjero. Los halcones republicanos quieren un plan de ataque más agresivo que pueda cambiar la dinámica en el campo de batalla y lograr el objetivo de expulsar a Assad, y la izquierda del partido Demócrata, los liberales, tampoco están por la labor de apoyar el bombardeo aunque sea «quirúrgico».

ThinkProgress ha analizado las declaraciones públicas de 413 representantes en las que 223 legisladores han descartado el apoyo a la medida o es poco probable que la respalden y sólo 39  miembros es probable que voten a favor o en la resolución. Todavía queda una semana para intentar convencer a los 151 miembros que han dicho públicamente que están indecisos. El presidente y su administración tienen trabajo por delante para intentar convencer a los 324 miembros de la Cámara que, o bien no se han decidido, o han indicado que están dispuestos a considerar un cambio de posición.

Sin una estrategia clara

Otro problema que tiene la decisión de Obama es que ha pedido un cheque en blanco al Congreso
para emprender una acción militar que no ha especificado, con unos objetivos difusos y sin una estrategia clara. El presidente llevaba obviando el dilema sirio un par de años, pese a los más de 100.000 muertos de la dictadura. Una guerra civil que afecta a aliados de EEUU en la zona como Israel, Jordania, Turquía, Arabia Saudí, y en la que concurren enemigos como Irán, Hizbulá o Al Qaeda. Ninguna decisión es buena pero los órdagos, como el que lanzó el presidente norteamericano a su homólogo sirio, deben llevar detrás una respuesta rápida y contundente, sobre todo, porque dirige la nación más poderosa del mundo. El resto del planeta está a la espera de la votación del Legislativo y de la decisión que tome Obama. Siria se ha convertido en la piedra de toque que marcará el futuro de su presidencia y de la gran superpotencia mundial.

Miguel Ángel Benedicto es periodista e investigador del Instituto Franklin-UAH
Twitter:
@benedictosolson
Artículo originalmente publicado en www.ateneadigital.es

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