Echamos un vistazo a la viabilidad que requiere de ganarse al ‘fan service’ de la comunidad gamer en las salas de cine. Con sus más y sus menos, pero un fijo en las carteleras en la última década
Las adaptaciones cinematográficas de videojuegos han sido durante años una apuesta tentadora para la industria del entretenimiento. Los estudios de Hollywood y plataformas de streaming han visto en los videojuegos una fuente inagotable de historias y personajes con un público fiel y dispuesto a consumir estos contenidos en la gran pantalla. Sin embargo, no todas las producciones han resultado ser un éxito de taquilla, lo que nos lleva a preguntarnos: ¿realmente es rentable para las productoras llevar los videojuegos al cine y la televisión?
Un negocio en auge
El creciente interés por adaptar videojuegos al cine ha dado lugar a algunos de los mayores éxitos de taquilla de los últimos años. Ejemplo de ello es Super Mario Bros. La Película (2023), que recaudó la impresionante cifra de 1.363 millones de dólares en taquilla, convirtiéndose en una de las adaptaciones más exitosas de la historia. Su impacto en la cultura popular y su atractivo para niños y adultos hicieron de esta película un verdadero fenómeno global.

No muy lejos de esta marca está Pokémon: Detective Pikachu (2019), con una recaudación de 433 millones de dólares tras un presupuesto de 150 millones. A esta lista también se suma Sonic 2: La Película (2022), que con un presupuesto estimado de entre 90 y 110 millones logró una taquilla de 405,4 millones, demostrando que los personajes de videojuegos pueden convertirse en franquicias cinematográficas rentables.
Éxitos y fracasos: el factor riesgo
Si bien algunas adaptaciones han sido altamente rentables, otras han luchado por recuperar su inversión inicial. Un ejemplo de ello es Assassin’s Creed (2016), una película que, con un presupuesto de 125 millones de dólares, logró recaudar 240,7 millones. Aunque duplicó su presupuesto en taquilla, los costos de marketing y distribución hacen que su rentabilidad real sea dudosa. Además, su recepción crítica fue tibia, lo que afectó su desempeño en el largo plazo y truncó la posibilidad de una secuela.
Otro caso llamativo es Warcraft: El Origen (2016), una película que apostaba por conquistar tanto a los jugadores del popular videojuego como a un público general. Si bien logró una recaudación global de 439 millones de dólares, su elevado presupuesto de 160 millones y la fría recepción en mercados clave como Estados Unidos pusieron en duda su viabilidad económica. No obstante, su éxito en China, donde se convirtió en un fenómeno, evidenció el potencial de las adaptaciones de videojuegos en mercados emergentes.
Por último cabe destacar otro proyecto como es la película de Until Dawn. Una película que llegará a los cines el 25 de abril de este año basada en un videojuego de terror interactivo del año 2015. La «polémica» llega cuando los fans de este lanzamiento vieron el tráiler y detectaron cómo esta adaptación seguramente cambie muchas cosas respecto a lo que era el juego. Aun así, desde la dirección del largometraje animan a que estos fanáticos acudan al cine y otorguen un voto de confianza pese a que haya perdido la esencia de la interacción que tenía en las consolas de Play Station 4.
El caso de las series: una apuesta diferente
En el mundo de las series, la tendencia de adaptar videojuegos también ha cobrado fuerza. Un caso emblemático es Arcane (2021), basada en el universo de League of Legends. Con un presupuesto estimado de 250 millones de dólares, esta producción de Netflix se convirtió en un éxito rotundo, no solo en términos de audiencia sino también en crítica, recibiendo premios y el reconocimiento de jugadores y espectadores casuales. Aunque Netflix no ha revelado cifras concretas de beneficios, su impacto en la comunidad gamer y el aumento del interés por el videojuego sugieren que la inversión ha valido la pena. De hecho, no se ha tardado en rumorear como desde las oficinas de Riot Games (desarrolladores del LoL), se plantean hacer más series de este formato, pero con protagonistas y escenarios distintos.
Las series permiten a los estudios explorar con mayor profundidad los universos de los videojuegos, lo que puede resultar en narrativas más ricas y un desarrollo de los personajes jugables exponencialmente mayor. Esto se traduce en una mayor lealtad por parte de los fans y una longevidad extendida del contenido, como se ha visto con otros proyectos similares.
¿Un futuro prometedor?
Las cifras muestran que las adaptaciones de videojuegos pueden ser altamente rentables, pero también presentan riesgos. No todas las películas logran conectar con el público, y la mala recepción de la crítica puede afectar su desempeño en taquilla. Las productoras deben equilibrar la inversión con una estrategia de marketing efectiva y una ejecución fiel a los juegos originales para atraer tanto a fanáticos como a nuevos espectadores. Y lo cierto es que en cómputo global se ha generado hasta más de cuatro veces el dinero invertido en todos estos títulos, algo más que meritorio para el sector. (Fuente: Foco Diario)

Con estrenos esperados como Sonic 3: La Película y Until Dawn, la tendencia de llevar videojuegos a la gran pantalla parece lejos de desaparecer. Sin embargo, el verdadero desafío seguirá siendo lograr adaptaciones que no solo generen ingresos, sino que también conquisten la crítica y a los seguidores de los juegos en los que se basan. Mientras las productoras sigan apostando por proyectos de calidad y respeten la esencia de los videojuegos originales, el cine y la televisión podrían convertirse en un terreno cada vez más próspero para las franquicias de videojuegos.
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