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Claro que se puede

«Sí se puede, sí se puede». Este lema ha calado hondo en la afición y la plantilla zaragocista. Algo que parecía imposible está cada vez más cerca. A pesar de haber encajado cuatro goles ante el Barcelona, los blanquillos salieron más que reforzados del partido. Uno, por no rendirse en ningún momento ante el todopoderoso equipo catalán y por las buenas sensaciones producidas; y, lo más importante, el constante apoyo de la afición que demostró a lo largo del partido.

Pero lo que impresionó a los hombres de Jiménez fue el final del partido. Cuando los azulgranas anotaron el cuarto y definitivo gol, La Romareda entera se levantó al grito de «alé Zaragoza alé, alé». Nada más pitar el árbitro el final de la contienda, la afición despidió a los suyos gritando al unísono «sí se puede», consigna ya conocida sobradamente en toda la ciudad.

Y es la afición el principal apoyo de este club y la única razón por la que sigue totalmente vivo. Tras sufrir seis años de «agapitismo», los hinchas zaragocistas apoyan incondicionalmente a los suyos en la peor situación de la historia del club. Después de numerosas protestas (aún se sigue realizando la «agapitada») contra Agapito y sus secuaces, el zaragocismo entero ha comprendido que si ellos no están ahí, el Real Zaragoza y su historia se va al garete. Una afición escasa, pero muy grande.

Esta noche, los maños tienen una nueva oportunidad de continuar con su milagrosa recuperación ante el Sevilla. Es muy difícil ganar en el Sánchez Pizjuán, pero las victorias en Cornellá-El Prat, Mestalla y El Molinón demuestran que es posible. El Zaragoza no tendrá mucho apoyo en las gradas por diversas razones (desplazamiento muy largo, precios elevados, día laboral, etc.), pero los jugadores aún tienen en la cabeza la frase con la que encararon el túnel de vestuarios al finalizar su último partido: «Sí se puede, sí se puede».

Escrito por: Mariano López Bolea

Universidad San Jorge