Entrevistas

Francisco Ureta, fotógrafo: «La fotografía emocional puede ayudar a curar la depresión, bulimia o ansiedad»

Tras dar un giro radical en su vida al sufrir un accidente de moto donde se rompió el cuello y quedó paralítico,  Francisco Ureta no se rindió, consiguió reinventarse y ha seguido luchando a través de la superación personal día a día. Ahora se ayuda de la fotografía y la fototerapia para educar en valores a otras personas que están pasando por etapas difíciles y ayudarles a superar los baches que la vida nos impone.

Por Rebeca Oliva.

¿Cuál fue su reacción tras el accidente?

Mi primera idea fue quitarme la vida. La familia me decía de tirar hacia delante, pero yo no quería, no veía la salida. Sin embargo, como se suele decir, todo en esta vida es tiempo., puesto que el tiempo te hace ver muchas más opciones y salidas. Entonces, renací mucho más fuerte que nunca, decidí comerme el mundo. Aún estando en el hospital supe que tenía que reinventarme y no esperar más, para ello, me matriculé en la UNEF y me saqué la carrera de psicología. Ahora tengo una carrera, dos máster e incontables premios en fotografía. Si yo a mi edad, con 50 años, he conseguido  todo esto, cualquier persona puede con todo.

¿Cómo le cambio la vida a raíz del accidente?

Todo te cambia radicalmente. Cuando vives a este lado del muro no puedes volver al otro, jamás regresaré a la vida que tenía antes y en este lado la vida es muy diferente. Entre otras cosas, la Administración te da un documento donde pone que eres un 90 por ciento menos que el resto de la población por ser discapacitado. Pero resulta que yo también tengo la mala costumbre de vivir, viajar y disfrutar de la vida, así que la única solución es reinventarse y buscar otras opciones que te permitan ganarte la vida porque las cuatro pesetas que te da la Administración no te dan para vivir decentemente.

¿Qué injusticias ha encontrado a raíz de llevar consigo una silla de ruedas?

Para comenzar, para la mayoría de la gente, una silla de ruedas supondría un problema, pero para mí es la gran solución a uno de mis problemas. Es un punto de vista completamente diferente. Otra de las cosas curiosas que me han sucedido es que cuando voy a un restaurante no me preguntan a mí en qué mesa servirnos, siempre lo hacen a quienes me acompañan. También, muchas veces me encuentro con que me quitan la plaza de coche de minusválidos, la gente aquí no tiene ningún respeto, en otros países como Alemania o Estados Unidos no suceden estas cosas con las plazas de aparcamiento porque el seguimiento de la normal es muy agresivo, aquí deberían hacer lo mismo.

¿Qué ve cuando echa la vista atrás?

Cuando empecé la recuperación tenía en mente siempre la frase de “algún día diré que no fue fácil pero lo logre”. Después de diez años, lo he logrado, me he hecho un hueco en el mundo de la fotografía, vivo, disfruto, salgo a cenar, bailo, buceo…

«Mi primera idea fue quitarme la vida. La familia me decía de tirar hacia delante, pero yo no quería, no veía la salida».

¿Cómo comenzó en el mundo de la fotografía?

Lo mío fue un poquito difícil o, más bien diferente, porque yo vengo del mundo deportivo de los mundiales de motos. Aquella fue una época de mi vida en la que probé casi todas las disciplinas del motociclismo. La fotografía me servía para viajar pues una imagen nos lleva a otro lugar a otro tiempo y también me ayudaba para recoger un instante de la vida que no se repetirá nunca mas. Sin embargo, al tiempo llegaron mis dos hijos y tuve que centrarme en ellos. Así que traté de probar otras especialidades dentro de ese mundo.

Francisco otorgó una charla en la Universidad San Jorge a los alumnos de Fotoperiodismo.

¿Cuáles son esas especialidades?

Pasé por probar de todo también. Por ejemplo, de ser jefe de equipo a ingeniero, pero al final me centré en ser el fotógrafo del equipo. Ahí es cuando comenzó mi gran especialidad: la fotografía deportiva. Sin embargo, con el tiempo, me di cuenta de que solo me gustaban las fotos si salían mis hijos, dado que en general era un estilo fotográfico muy automático y nada artístico.

¿Qué hizo para volver a emocionarse por la fotografía?

Elegí centrarme en recoger las emociones de los deportistas de élite, de los familiares, de los padres, de sus compañeros… por ejemplo intentaba captar el llanto de un piloto a 300 kilómetros por hora dentro del casco. Me fui especializando en una fotografía muy compleja la cual no hacía nadie hasta ese momento. Es ahí cuando comencé a interesarme mucho más el tema de la fotografía, con el tiempo, se convirtió en un trabajo el cual tenía que configurarlo como cualquier otro trabajo, de forma muy mecánica y terminó por volver a convertirse en algo que no me llenaba por dentro.

«La fotografía emocional es un estilo que todo el mundo puede comprender sin importar idioma, país o cultura».

¿Cómo solucionó el bache?

Comencé a plantearme por dónde podía salir después de toda la experiencia que había adquirido en el mundo de la fotografía. Entonces lo vi claro: la fotografía emocional.

¿De qué trata este tipo de fotografía?

Se centra principalmente en la comunicación no verbal de las emociones. Lo que se busca transmitir son las emociones de cada una de las personas fotografiadas. Es un estilo fotográfico que todo el mundo puede comprender sin importar idioma, país o cultura dado que al ser una comunicación no verbal todo el mundo la puede comprender. A raíz de la fotografía emocional desarrollé la fototerapia.

¿En qué consiste la fototerapia?

Busca ayudar a las personas con trastornos psicológicos como depresión, bulimia o ansiedad al igual que lo haría un psicólogo o psiquiatra, a encontrar su bienestar y autoestima al hacerles sentirse artistas de la mano de la fotografía. No hay limitaciones para esta especialidad: ni edad ni ámbitos, ni siquiera se necesitan las manos ni los pies para llevarla a cabo. Pero no todo es tan sencillo, para ello tenemos que salir de nuestra zona de confort y atrevernos a dar el paso.

 ¿Qué ha aprendido a lo largo de su labor como fotógrafo?

Todavía me considero analfabeto, puesto que estoy aprendiendo día a día, cada vez más y más. Comencé copiando a los mejores fotógrafos  y luego vi que por allí no llegaría a ningún sitio, que tenía que obtener mi propio estilo, mi propia forma de ver el mundo a través del objetivo, mi forma de transmitir algo a través de las imágenes. Por ejemplo, para crear un estilo más personal, comencé por elegir tres elementos que debían aparecer siempre en mis fotografías: bancos, burros y pomos. De esta forma me convertí en un experto de las fotografías de bancos, burros y pomos. Ahora, me siento infinitamente agradecido con mi trabajo, pues ayudar a alguien con mis fotografías o salvar vidas es increíble.

Universidad San Jorge