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El lado oscuro

El negocio de la comida a domicilio en ocasiones no es lo que parece, la facilidad de acceso a los datos personales de sus clientes ha llevado a muchas mujeres a denunciar el uso indebido de estos por parte de los repartidores. Muchos riders se sienten libres de utilizar la información de la que disponen para uso privado y esto puede convertirse en acoso.

Las mujeres que han manifestado sus vivencias en este reportaje coinciden en la impotencia que les produce la sensación de que a los riders les importe más la posibilidad de perder su trabajo o que ellas tengan pareja, al grave hecho de invadir su intimidad y traspasar los límites.

Los repartidores tienen acceso a la información privada del cliente. Fuente: Marta Aranda

Victima 1:

“Un día me llegó un mensaje a whatsapp de un número que no tenía guardado y que me habló diciéndome: “Hola guapa, ¿qué tal?”, como no sabía quién era se lo pregunté y me contestó que era un repartidor de Glovo que había estado hace un par de días en mi casa. Al no contestar, el hombre se puso más insistente, así que se lo conté a mi pareja y a unos amigos para ver qué podía hacer o a quién podía llamar. Entre todos decidimos llamar al 112. No había ocurrido nada grave, pero me sentía insegura, él tenía mis datos. Desde el 112 me dijeron que si solo me había enviado mensajes, sin ningún tipo de amenaza, ellos no podían hacer nada, solo podía ponerle una denuncia. Ellos sólo podían intervenir si la situación empeoraba. Me sentía desprotegida e indefensa. Decidí bloquear su número, pero nadie evitó que durante varias semanas viviera con miedo”.

Víctima 2:

“Estaba por la noche en mi casa y decidí pedir para cenar. Abrí la aplicación de Glovo y continué con el pedido. Pasó media hora y el timbre sonó, esperé hasta que subiera. Abrí la puerta y un joven me dio la bolsa, todo pasó con normalidad, cerré la puerta y comencé a cenar. A los 10 minutos recibí un mensaje desde un número desconocido. Decidí ignorar el mensaje, pero me estuvo hablando durante los tres días siguientes, al final le bloquee. Todo quedó en una simple conversación a través de Whatsapp, pero mis datos personales habían sido usurpados”.

Algunos trabajadores utilizan redes sociales como Whatsapp, para contactar con las clientas. Fuente: Víctima 2

Víctima 3:

Pensé en pedir la cena a domicilio mediante Glovo, no era la primera vez que utilizaba esta aplicación, nunca había tenido ningún problema. Acabé de cenar y dos horas después alguien llamó a mi puerta, era el repartidor que anteriormente me había traído la cena. Me dijo que venía a verme porque le había gustado físicamente, me quedé en shock y me puse muy nerviosa, finalmente le cerré la puerta. Fue horrible, al principio no sabía como reaccionar y entonces al rato llamé a mis padres para contarles lo sucedido. En ese momento nos planteamos poner una denuncia, pero al final decidimos dejar todo como estaba. Ya nunca he vuelto a saber más de él.

¿Y si te pasa? ¿Que hay que hacer?

El reglamento de protección de datos que entró en vigor en mayo de 2018 en toda Europa, no cambia nada legalmente. En cualquier caso se necesita el consentimiento expreso del cliente para la utilización de este tipo de información.

Mikel Nanclares, abogado laboral, explica que hay que tener en cuenta el contexto de la situación. Si te escriben y quieres evitar la conversación y les dices que “no”, eso no es un delito pero sí una infracción de la protección de datos, porque han utilizado la información con otra finalidad a la que tienen permiso. Si los mensajes son subidos de tono y la clienta pide que pare y él insiste, eso es acoso. Todo esto se agrava, porque el repartidor es un hombre que sabe cual es tu domicilio, que puede saber si vives sola o puede conocer tus horarios.

Al darse todas las condiciones de acoso se puede acudir al código penal. Como cliente hay que poner una denuncia al trabajador que te esté acosando. El trabajador será responsable de la situación y podrá ser condenado penalmente. Si es referido a la protección de datos, hay varios derechos en relación a esta ley, puedes eliminar esos datos, o modificarlos. Concluye el abogado.

En conclusión, si sucede una de estas dos situaciones, habría que seguir las vías legales. Acudir a la Agencia Española de Protección de Datos en las ocasiones en las que se produce un uso indebido de esa información, o ir directamente a comisaría si esto deriva en amenazas, acoso o una situación delictiva.

El papel que tiene la empresa en estas situaciones es un poco complicado, existe la responsabilidad penal de la empresa. Se le acusaría a la empresa de reparto a domicilio, y si hay pena de cárcel, los que están en el consejo de administración serían los responsables.

Domingo D. trabajador actual de Deliveroo, explica que al principio cuando entró a trabajar a la empresa, tenían acceso al número de teléfono del cliente, por si surgía algún imprevisto: problemas con la dirección del domicilio, retraso del pedido o que nadie conteste al timbre cuando llegue el repartidor.  

La protección de datos ha hecho que esto cambie, ahora cuando se quiera llamar a un cliente, la llamada se desvía a una central que está en Barcelona y desde esa central, contactan con el cliente.

“Hoy en día, todo ha cambiado, ya no podemos ver directamente el número de móvil del cliente y cuando este recibe la llamada tampoco ve nuestro numero” Domingo D.

 

 

Universidad San Jorge