Entrevistas

Pablo Doncel: “El periodismo local es fundamental para la democracia y para evitar la desconexión con el mundo rural”

Fotografía cedida por Pablo Doncel.
Fotografía cedida por Pablo Doncel.

Dirigir dos medios de comunicación a la vez no es un reto habitual para alguien joven en la profesión. Sin embargo, Pablo Doncel —actual director de la revista Rehalda y del medio Turolenses— afronta esta responsabilidad con la idea clara de que el periodismo local sigue siendo fundamental para contar historias que, de otro modo, se perderían.

¿Por qué decidiste dedicarte al periodismo?

Fue un volantazo de última hora en Bachillerato. Ni mucho menos era mi vocación ni el sueño de mi infancia. Yo iba para Derecho y estaba encantado con la idea. Sin embargo, siempre me ha gustado mucho escribir, hablar y, sobre todo, las buenas historias. Pero creo que mi mayor don es que me gusta muchísimo escuchar a la gente. Todos y cada uno de nosotros tenemos una historia extraordinaria detrás, y a menudo vivimos de espaldas a ella. Ese fue el verdadero motor para acabar en periodismo.

Momento clave que marcó tu carrera

Francamente, creo que el momento clave lo estoy viviendo ahora mismo. Asumir la dirección de dos medios de comunicación a la vez es un desafío, pero es increíblemente gratificante. Ejerzo esta responsabilidad con mucho orgullo, tratando de llevar a cabo una gestión muy eficaz y, sobre todo, trabajando para que el lector esté satisfecho con ambas publicaciones. No obstante, siempre defiendo la máxima de que ‘lo mejor está por venir’.

¿Ha evolucionado tu forma de entender el periodismo?

Mucho. En la facultad nos enseñan la urgencia, la pirámide invertida y el breaking news de los informativos norteamericanos. Pero en medios de comunicación como Rehalda, locales, rurales, y ahora en Turolenses también, he descubierto el valor del periodismo reposado (slow journalism). He aprendido que la profundidad, el rigor histórico y el contexto son tan importantes como la inmediatez. Que sentarte a escuchar una gran historia en el banco de Castralvo por toda una tarde para aprender del pasado, es tan importante como abrir un digital de madrugada para informarte de una determinada situación en el mundo.

«Si no contamos qué está ocurriendo en la ‘España Vaciada’ en estos momentos o en el pasado, muchas historias se perderán para siempre»

Ahora eres director de Rehalda, ¿cómo sabes que estas listo para un proyecto como ese?

Ha pasado poco más de un año desde que asumí la dirección de Rehalda a través del Centro de Estudios de la Comunidad de Albarracín (CECAL) y a veces todavía siento un poco de ‘síndrome del impostor’. La verdad es que nunca sabes si estás del todo listo hasta que te lanzas; lo importante es hacerlo con energía, confianza y buena voluntad. En este sentido, mi compañero Raúl Ibáñez me da muchísima seguridad para conocer mejor el territorio, respetar el legado de la Sierra de Albarracín y rodearme de un equipo excelente. No se trata de saberlo todo, sino de coordinar el talento de quienes investigan y escriben. Defiendo mi gestión porque me desgañito por mis socios y colaboradores; creo que son muy generosos al entregarme su tiempo y su trabajo, compaginándolo siempre con sus otras obligaciones.

Rehalda es una revista muy concreta, ¿de dónde sale esa pasión?

Soy de Zaragoza, pero gran parte de mi familia es de Teruel, concretamente del actual barrio rural de Castralvo, donde he pasado muchísimos veranos de mi vida. Por las noches, de muy pequeño, tras la cena, me encantaba ‘salirme al banco’ con las amigas de la yaya, todas ellas ya muy mayores en la actualidad o que, desgraciadamente, ya no están con nosotros. Me hacía muy feliz escucharlas y pasar tiempo con ellas. Participar tan activamente en la preservación del patrimonio inmaterial de Teruel —bien a través de mi labor como periodista, bien a través de otros proyectos culturales— me hace sentir que no les estoy fallando, que no les he dado la espalda. Siento que estoy intentando preservar su legado y su memoria por todos los medios, que en este caso son Rehalda en la Sierra de Albarracín y Turolenses en el resto de la provincia.

Desde tu experiencia, ¿qué es para ti innovar en el periodismo?

Creo que, en un primer momento, en la facultad o justo al salir, debes aprender a hacer las cosas bien, tener claras las bases y trabajar como lo han hecho otros compañeros y compañeras durante años. Los experimentos, con ‘refresco de cola’. Pero cuando partimos de un escenario tan angustioso como es la situación en la ‘España Vaciada’, y de una desconexión tan brutal de los chavales con la cultura y el patrimonio inmaterial… ahí es el profesional el que tiene que adaptarse. Debes bajar a la tierra, descender de tu tribuna académica o de tu atalaya de superioridad moral —de la que por suerte he logrado librarme, alejándome de ese clasismo tan pesado e innecesario— y aprender a conectar con tus lectores potenciales. Innovar es ‘hablar en su idioma’, el que hemos adquirido por las redes sociales u otras influencias actuales, demostrando que esas tendencias pueden convivir perfectamente con las expresiones culturales de más alto nivel.

En la revista Rehalda utilizáis la IA para generar imágenes. ¿Por qué esta decisión y qué opinión tienes de usar el recurso en el periodismo?

Yo no hago cuentas con garbanzos; me gusta tener a mi alcance el mayor despliegue de medios disponible y hacer alarde de una vanguardia tecnológica y técnica con mucho músculo. En revistas históricas o locales muchas veces nos topamos con vacíos visuales: historias, leyendas o recreaciones del pasado de las que no existe archivo fotográfico. La IA nos permite ilustrar esos conceptos. Es una herramienta, no un sustituto del periodista o del fotoperiodista. Mi opinión, y la directiva que he marcado en los medios bajo mi gestión, es que su uso debe ser transparente (el lector debe saber que es una recreación por IA) y debe limitarse a la ilustración o conceptualización, nunca para falsear la realidad o la actualidad informativa. El periodismo es verdad; la IA es un pincel digital, una herramienta más, como el ordenador para escribir o el móvil para grabar o recoger un testimonio.

¿Qué otros asuntos te preocupan del periodismo actual?

Se puede hacer un mal uso de la IA, como se hace, en muchas ocasiones, un mal uso de una portada, de un canutazo en un photocall o de una tribuna de opinión en un dominical. No, la IA no me preocupa particularmente. Me preocupa la precariedad de la profesión, la tiranía del clickbait que sacrifica la calidad por la visita rápida, y la propagación pandémica de los bulos y medios de ultraderecha que buscan perseguir al adversario político y dinamitar la convivencia en democracia. Una democracia que tanto lucharon nuestros abuelos y abuelas por conseguir. A más de uno y de una le habría venido muy bien acompañarlas en aquel banco para enterarse un poquito de cómo eran las cosas en este país hace 50 años, y de cuánto hemos mejorado en educación, en sanidad o en derechos sociales. Precisamente, preservar y defender el periodismo local, complementando al de las grandes capitales, es fundamental para la democracia y para evitar la desconexión con el mundo rural.

Con tu experiencia actual, ¿qué habrías hecho diferente? ¿Algún consejo para el Pablo que recién terminaba la carrera?

«Átate los machos cuando leas ‘A sangre fría’, de Truman Capote, porque vas a vivir el infierno sobre la tierra durante casi dos años». Leer ese libro —uno fantástico, que nadie me malinterprete— me supuso abrir la caja de los truenos a nivel personal. No podemos separar al profesional de la persona, ni en la facultad ni fuera de ella. Hay que tomar conciencia de ello y trabajar muy duro para salvar a los dos, pelear por los dos y ser feliz en ambas esferas, la personal y la profesional.

Creo que no cambiaría ni una sola coma de mi trayectoria. Los éxitos me han ensalzado y los fracasos han afilado mi mente y me han preparado para cualquier tipo de escenario. Si ambas versiones de mí mismo se encontraran frente a frente, probablemente se matarían de la risa el uno del otro. Siempre me he identificado, en tono de humor, como una «rata de ciudad», muy cosmopolita, de hacer planes en el centro y dormir con ruido. Eso contrasta mucho con mi presente, en el que vivo prácticamente como los eremitas. La vida es muy divertida, hay que disfrutarla con pasión y en compañía. Si trabajas duro, todo llega.

Acerca del autor

Carla Martín

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