Los therians están en boca de todo el mundo en las últimas semanas debido a la popularidad que han ganado en redes sociales. Actualmente, se han convertido en un tema de debate social y hasta se han producido altercados en ciudades donde se han hecho quedadas físicas.
El origen del término se remonta a la década de 1990, cuando comenzó a utilizarse en foros de internet para describir la experiencia de personas que afirman identificarse, en algún sentido, con un animal no humano. Con el paso del tiempo, la comunidad se ha articulado principalmente en entornos digitales, donde comparten contenidos relacionados con esa identidad.
Miles de fotos y vídeos de jóvenes vestidos con caretas de animales, a cuatro patas e imitando sonidos han inundado las redes, al igual que algunos telediarios han informado sobre encuentros de therians previstos en varias ciudades. Sin embargo, en la mayoría de ellas únicamente aparecieron curiosos y no participantes del movimiento. En otras, se produjeron situaciones de tensión: en Madrid se denunciaron episodios de acoso, mientras que en Barcelona hubo hasta cinco detenciones por desórdenes públicos.
La reciente exposición mediática del movimiento ha generado reacciones diversas. Según Miguel Ángel Motis Dolader, doctor en Antropología Social y Cultural, la rápida expansión de este tipo de fenómenos no es casual: “Viraliza lo que engancha emocionalmente y el algoritmo se encarga de amplificarlo creando un efecto de bola de nieve. Estos fenómenos para unos son identidad, mientras que para otros son mero espectáculo, y de ahí nace la polarización”.
El rechazo y las burlas también encuentran explicación en esa dinámica. “La burla, cuando no el sarcasmo, funciona como un atajo: convierte lo complejo en meme y evita tener que comprenderlo”, señala Motis Dolader. A su juicio, cuando el enfoque mediático presenta estos movimientos como rareza, el rechazo “queda casi legitimado”.
La comunidad trans se ha visto afectada paralelamente, ya que en el debate público se compara el fenómeno therian con otras realidades identitarias, alimentando discusiones en torno a los límites de la diversidad.
Más allá de la controversia, el caso plantea interrogantes sobre cómo las dinámicas de viralización influyen en la percepción pública de determinados colectivos juveniles. También invita a reflexionar sobre el papel de los medios y las redes sociales en la amplificación de fenómenos que, hasta hace poco, permanecían en espacios más reducidos de internet.



















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