Escrito por Sofía Pérez Hurtado
A los 18 años, Silvia Rivero tomó una decisión poco habitual: quedarse en Alcañiz, la pequeña ciudad, que la vio crecer. Mientras que, Iria Gonzalves decidía hacer las maletas para mudarse a Zaragoza (ciudad), en busca de mayores oportunidades.
“El medio rural es complicado, pero te enseña a vivir muchísimo mejor”, defiende Silvia Rivero (21) que adora la vida rural y, a los 18 años decidió que su pueblo era su futuro. Estudió Grado Medio y Superior de Administración, ahora es auxiliar administrativa en una asesoría de Alcañiz (Teruel).
Rivero cuenta las dificultades por las que pasa: “La falta de recursos, tanto a nivel laboral como a nivel académico, te obliga a tener que recurrir a las grandes ciudades”, sin embargo, ella juega a contracorriente.
En ausencia de más recursos académicos presenciales, decidió comenzar a estudiar el Grado en Recursos Humanos, a través de la Universidad online UNIR, una resolución común entre jovenes rurales.
“Los jóvenes de la Generación Z no estamos valorados»
La oferta académica no es el único obstáculo que la alcañizana encuentra: “Muchos de los establecimientos están cerrados a la mitad del tiempo, porque no tienen para sustentarse”. El comercio local vive una época difícil atacada por las compras online rápidas y con un precio muy competitivo, es un factor que afecta a directamente a la oferta de empleo.
Elegir en 2026 el pueblo, en vez de la ciudad parece un deporte de alto riesgo. Cuando Rivero tomó la decisión de quedarse en su casa no fue fácil: “Es complicado ver cómo la gente de tu alrededor se va, pero tú te sigues quedando en tu pueblo natal”. Además, añade que los jóvenes de la Generación Z no están valorados como merecen. Sin embargo, Rivero no cambia el pueblo por nada: “No siento que el quedarme en el medio rural me haga perderme cosas, al contrario, aprendes a disfrutar de otras y a tener una vida más solitaria”.
La joven anima a sus vecinos a apostar por sus raíces: “Cuanta más gente haya en los pueblos, estos serán más escuchados y atenderán más a las necesidades de las personas”.
Hacer las maletas para un futuro mejor
“Llegas y es como que eres un guisante en un estadio de fútbol, no eres nada”, confiesa con timidez Iria Gonzalves (20), estudiante de Grado Superior en Técnico de Rayos y Medicina Nuclear. Limitada por las escasas ofertas académicas en su pueblo, Alcañiz, decidió dar el salto a lo desconocido y mudarse a Zaragoza.
Gonzalves reflexiona sobre el cambio que supone irte fuera, madurando y evolucionando como persona. El progreso del crecimiento personal le empuja a seguir: “He ganado amistades, convivir conmigo misma y saber cómo sobrevivir yo sola”. Sin embargo, Gonzalves admite que «cuando llega el finde, tienes ganas de volver a las raíces donde has estado siempre”. Su familia y su pueblo forman parte de su identidad. Los jóvenes migrantes como Iria Gonzalves sacrifican a la familia por la búsqueda de un futuro mejor, como dice ella “una cosa por la otra”.
“Conocer a tus vecinos y pedirles ayuda, me gusta más que no saberme ni el nombre»
La escasez de oferta en estudios superiores es uno de los principales obstáculos para el desarrollo de la juventud rural, así lo confirma la estudiante: “Creo que ayudaría un montón a las familias si en el medio rural hacen más estudios superiores para que la gente no se tenga que mudar”.

Gonzalves lejos de casa se apoya en su red: “He tenido compañeras de piso que siempre me han ayudado en todo momento”. Mudarse fue un enriquecimiento vital para ella, no obstante, la alcañizana considera que en un futuro seguirá eligiendo el medio rural: “Se vive más tranquilo, que, en la ciudad, no tienes tanta presión”. Y enfatiza en la humanidad que se encuentra en los pueblos: “El hecho de conocer a tus vecinos y pedirles ayuda, me gusta más que no saberme ni el nombre del vecino que tengo de enfrente, aquí en la ciudad”.
Una fuga en números
“Los jóvenes que abandonan Teruel (provincia) tienen entre 18 y 34 años principalmente”, cuenta el demógrafo Jorge Aznar. Mudarse a la gran ciudad conlleva grandes esfuerzos, “casi el 50% de los jóvenes son de clase media con capacidad económica para mudarse. Y la motivación principal suele ser encontrar mejores oportunidades laborales”, añade Aznar.

La fuga de cerebros no es algo novedoso. “El éxodo estructural comenzó en los años 50-60 del siglo XX”, asegura Aznar. Actualmente la provincia turolense se vacía con más fallecimientos que nacimientos. Aunque se compensa con inmigración extranjera, en 2023 hubo incremento de 1.103 personas inmigrantes. “La provincia de Teruel pierde jóvenes españoles hacia otras provincias, pero gana población extranjera, principalmente”, declara Jorge Aznar.
El destino favorito de los turolenses es Zaragoza en 2023 se mudaron 1.180 personas, la capital autonómica atrae a futuros universitarios. Y, el segundo puesto en el podio se lo llevan Valencia y Castellón, con 592 y 321 jóvenes, respectivamente. La proximidad a sus hogares, la costa y el empleo, los hacen irresistibles.
“La provincia de Teruel pierde jóvenes españoles, pero gana población extranjera»
Las mayores consecuencias que abruman al medio rural son “la escasez de mano de obra, cierre de escuelas rurales, reducción de consultorios médicos y abandono de viviendas”, según Aznar.
La migración juvenil parece imparable, la despoblación cae y revertirla parece imposible, “frenarla y estabilizarla es posible si se actúa con urgencia y recursos suficientes. El horizonte es tratar de evitar la desaparición del tejido rural y mantener una población sostenible con calidad de vida digna”.
Impulsar el talento rural
Los jóvenes que apuestan por desarrollarse profesionalmente en el medio rural necesitan una red de apoyo, Apadrina un Olivo junto con Despertadores Rurales Inteligentes, trabajan por lograr a serlo.

Apadrina un Olivo es una asociación de utilidad pública cuyo objetivo principal es recuperar 10.000 olivos abandonados en Oliete (Teruel), mediante un sistema de apadrinamientos. ¿Cuál es su relación con los jóvenes? La respuesta es su segundo proyecto, Despertadores un programa orientado a desarrollar capacidades locales de coinnovación territorial, junto con otros agentes de desarrollo en Aragón y otros municipios.
Margarita Rodríguez, responsable de Despertadores, explica cómo potencian el emprendimiento social en el ámbito rural: «El desarrollo de competencias digitales, el teletrabajo, la oportunidad de atraer el talento de nómadas digitales con vocación social y proyectos para hacer Smart Villages”.
“Enseñen a otras personas su pueblo y mantengan siempre el contacto con su tierra”
Rodríguez declara que los mayores desafíos a los que se enfrentan los jóvenes son “la falta de oportunidades laborales en los ámbitos de su interés en el medio rural, así como la falta de vivienda en condiciones”. Encontrar una vivienda digna en los pueblos es tarea difícil debido a la poca construcción de nueva vivienda y la antigüedad del resto, por ello, Apadrina un Olivo ofrece la oportunidad a nómadas digitales de vivir con su camper en los terrenos de Oliete, además de un coworking innovador con internet ilimitado.
Por otro lado, comenzar un proyecto empresarial no es tarea fácil, Rodríguez pide “más apoyo para lidiar con el costo de ser autónomo en las etapas tempranas de un nuevo negocio”.
Participantes de Despertadores Rurales inteligentes
Jóvenes de todo el mundo llegan a Oliete, a través del programa Erasmus Rural y de Universidades e Instituciones Europeas. Sin embargo, no son solo los jóvenes los únicos protagonistas. Despertadores «busca revitalizar el medio rural creando oportunidades para que cualquier familia pueda desarrollar su proyecto de vida en un ecosistema vivo y conectado”, apunta Rodríguez.
Salvar al medio rural parece posible y, no se confronta con la migración estudiantil, salir fuera para traer talento a lo rural es el mensaje de esperanza que lanza Margarita Rodríguez: “Viajen todo lo que puedan, mantengan la curiosidad de ver el mundo y su diversidad, exploren y aprendan. Enseñen a otras personas su pueblo y mantengan siempre el contacto con su tierra”.
Elegir sin renunciar
Quedarse o marcharse no debería ser una imposición, sino una posibilidad real. Las historias de Silvia Rivero e Iria Gonzalves nacen del mismo lugar, pero recorren caminos distintos que reflejan una realidad compartida por miles de jóvenes rurales. El reto no se centra en frenar la migración juvenil, sino en garantizar que volver o quedarse sea una opción digna.
El demógrafo Jorge Aznar confiesa que solo con inversión, recursos y apoyo al talento joven será posible mantener vivo el tejido rural. Porque elegir sin renunciar implica poder crecer, aprender y desarrollarse sin tener que abandonar las raíces, y convertir los pueblos en lugares donde el futuro no sea una excepción, sino una oportunidad compartida.



















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