Escrito por María Melgosa
Según el último recuento realizado por Cruz Roja, hay 100 personas más viviendo en las calles de Zaragoza que hace dos años
Es enero y son las ocho de la tarde. Sales del trabajo cansado después de una larga jornada. Solo te apetece llegar a casa y descansar. Te congelas en el trayecto del coche al portal: hace mucho frío y hay viento en las calles de Zaragoza. Entras y tomas una sopa calentita para entrar en calor. En cuanto te la acabas, te duchas con agua caliente, te pones un pijama limpio, y te metes en la cama. No piensas en todos esos privilegios que das por hecho. Sin embargo, hay más de 266 personas en tu misma ciudad, incluso, a lo mejor, a pocos metros de ti, que desearían poder tener tu rutina. Poder cenar caliente. Poder relajarse en el sofá. Poder meterse en la cama. Poder llegar a casa.
Volvamos a las ocho de la tarde. Nos situamos en la Plaza de los Sitios, donde llega el equipo de la Unidad de Emergencia Social (UES) de Cruz Roja. A la cabeza, Beatriz Blanco, trabajadora social. Junto a ella, dos de las personas voluntarias que la acompañan en la ruta. Llevan consigo cafés, mantas y enseres que puedan necesitar las personas que viven en la calle.
Beatriz Blanco como trabajadora es relativamente nueva —empezó hace menos de un año— pero tiene mucha experiencia como persona voluntaria. Conoció la unidad en unas prácticas de la universidad cuando le tocó conocer los proyectos de Cruz Roja para personas sin hogar. Recuerda a la perfección el primer contacto con el proyecto: no olvidará nunca la primera noche que salió, y, sobre todo, los sentimientos que le surgieron cuando regresó a casa. Fue entonces cuando decidió que ella quería seguir ahí.
¿Cuál es un perfil de una persona en situación de calle?
Los perfiles de personas que viven en la calle han ido variando en estos últimos tiempos. Hace años, el perfil mayoritario era varón de mediana edad, de entre 45 y 55 años, en muchas ocasiones, de origen español. Actualmente, sufrimos un problema muy grande de vivienda, y son las personas en riesgo de exclusión social (por diferentes factores, como, por ejemplo, bajos ingresos, problemas de inserción, procesos migratorios…) las que más posibilidades tienen de padecerlo.
“Hay una tendencia al alza de personas migrantes debido a la crisis global que estamos viviendo”
Aunque las trabajadoras afirman que el perfil que hemos mencionado antes sigue existiendo hoy en día, ha aumentado el perfil de jóvenes de entre 20 y 30 años. También hay una tendencia al alza de personas migrantes debido a la crisis global que estamos viviendo y los diferentes conflictos bélicos o sociales que obligan a la gente a tener que dejar su país: al final, España acoge a un número muy elevado de personas migrantes, y esto, sumado a la dificultad de acceder a una vivienda digna, son dos de los factores mayoritarios que provocan que muchas personas se queden sin hogar.
Mujeres viviendo en la calle: un problema invisible y en las sombras
Blanco hizo hincapié en la diferencia que hay respecto a las mujeres que viven en la calle. De las 266 personas sin hogar que se contabilizaron en el recuento realizado por Cruz Roja el pasado 26 de noviembre de 2025, solo 29 eran mujeres, además de las 19 personas cuyo género no se pudo identificar. Relataba que la situación es completamente diferente, pues “queman” muchos más recursos, es decir, que agotan todas las posibilidades que están a su alcance antes de tener que dormir en la calle. Por esta razón, llegan en situaciones mucho más extremas.
También refiere que se ocultan mejor, pues, pese a que todas las personas que duermen en la calle se encuentran en una situación de vulnerabilidad, una mujer, desgraciadamente, corre mucho más riesgo. Suelen ir a casas de familiares, de conocidos, utilizan albergues…
Beatriz considera que muchas mujeres prefieren aguantar situaciones de violencia (doméstica, de género, sexual, psicológica…) porque si no, no les va a quedar otra cosa que la calle. Pese a que el porcentaje es mucho menor (también debido a que se esconden más), la situación de estas mujeres suele ser más vulnerable, pero que no las veamos, no quiere decir que no existan: es por ello por lo que se debe poner especial atención a la situación de estas personas.
“Cuando (las mujeres) llegan a la calle, llegan mucho más deterioradas, ya han agotado todo lo que tenían”
Recursos y barreras para las personas sin hogar
Zaragoza cuenta con una red de entidades que trabajan con personas sin hogar, coordinadas entre sí para evitar que nadie se quede fuera.
Para ofrecer dichos recursos, Cruz Roja ha creado un folleto explicativo que facilitan a las personas que viven en la calle, donde se explica con pictogramas (por si el idioma es una barrera comunicativa) los sitios en donde pueden ofrecerles duchas, lavanderías, comida, consignas, clases de español, carga de dispositivos electrónicos, rehabilitación alcohólica, atención psicosocial…
Además de la unidad de Cruz Roja, la capital aragonesa cuenta con el Centro de Día y la consigna de San Blas, la Hermandad del Santo Refugio, el Centro Social San Antonio, la parroquia Nuestra Señora del Carmen, o el Albergue Municipal, entre otros. A priori, hay una amplia red para aquellos que lo necesiten, pero estas personas cuentan con unas barreras que, en ocasiones, son tremendamente difíciles de superar.
Blanco explicaba que hay muchos factores que pueden darse, y que la situación ya de por sí es compleja: “la calle gasta mucho, afecta mucho también a la salud mental […] Hay personas que, a pesar de cobrar pensiones de jubilación o alguna ayuda […] viven en la calle. Si tienen ingresos y viven en la calle, algo pasa”. Hay cosas que trabajar, batallas “internas” que cada uno debe librar: problemas de adicciones, de salud física y mental, soledad, etc.
Sin embargo, hay muchas batallas externas que complican la salida de esa situación de calle. Por ejemplo, el acceso a una vivienda digna debido al libre mercado que no ofrece otro tipo de facilidades, y los requisitos que se ponen muchas veces a la hora de acceder. Entran en juego, por supuesto, sesgos como el país de origen, la nacionalidad y la religión, que dificultan, aún más si cabe, la situación de las personas migrantes sin hogar.
Otra barrera importante para las personas sin hogar es el empadronamiento. Al carecer en muchas ocasiones de documentación en vigor y de un techo donde vivir, no pueden realizar los debidos trámites de empadronamiento, que dan acceso a multitud de servicios como sanidad y otros recursos públicos.
Blanco insiste en que, para hacer más cómoda la situación de personas sin hogar, hay que invertir en alternativas de alojamiento, pero no tanto en alojamientos temporales, sino en aquellos que permitan a medio o largo plazo una inserción real. Cree que es un aspecto vital, pero que también lo es reforzar los recursos con los que cuentan las personas.
“Las plazas de alojamiento temporal son limitadas, y aumentarlas es básico, pero también reforzar recursos para que sea más fácil promover esa inserción”
Pone como ejemplo el testimonio de un hombre usuario de UES: estaba buscando trabajo, pero si le llamaban, él no tenía dónde dejar sus pertenencias. No se las podía llevar, y si las dejaba solas, a lo mejor esa noche dormía sin manta. Por otra parte, tampoco podía trabajar de noche, porque dormía enfrente de una guardería. Cuando el sol cae, puede pernoctar allí, pero de día, tendría que buscarse otro lugar para dormir. Los trabajos temporales y los turnos rotativos no son tan fáciles cuando no tienes cómo cubrir las necesidades básicas de higiene y descanso.
Recursos como el albergue ya ha puesto en marcha medidas para ayudar a las personas a compatibilizar sus horarios de trabajo con su situación, y opina que es lo óptimo para la inserción de ciertos perfiles.
Voluntariado
Después de abrir los ojos a esta realidad, que está más cerca de nosotros de lo que nos imaginamos, muchas personas se preguntan qué pueden hacer ellas para aportar su grano de arena.
Explica Cristina Marco, una de las voluntarias, que el voluntariado es una parte esencial de la unidad.
Las personas voluntarias salen con Beatriz como trabajadora social de referencia a hacer la ruta todas las noches. No obstante, cuando se necesita salir los fines de semana o festivos, por olas de frío y calor, pese a que las técnicas están de guardia, son ellas las que salen solas, y cargan con el peso de la unidad a sus espaldas. Hacen que el servicio funcione y que las personas puedan estar bien atendidas.
Recuerda Marco que los voluntarios son muy importantes para los usuarios, porque no solo satisfacen unas necesidades básicas, sino que se satisfacen unas necesidades sociales. Los voluntarios muchas veces crean vínculo con las personas que viven en la calle, pudiendo llegar a convencerlos de ir al médico, acudir a algún recurso, o realizar alguna actividad que les ayude a salir de la situación en la que se encuentran.
Acercarse a la realidad del sinhogarismo invita a la reflexión sobre las comodidades diarias de las que goza la mayoría de la población, que, en muchas ocasiones, son percibidas como obligatorias. No se necesita más gente que mire desde arriba, sino que se acerque a la necesidad y vea en ella la injusticia. Ser conscientes de que el problema no son las personas, sino los factores que han propiciado la situación, es el inicio de una mirada más amable y crítica ante las desigualdades sociales.
Todos somos personas, y tal y como decía el lema del último recuento de personas sin hogar en Zaragoza: nadie nace en la calle.



















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