Reportajes

En el cine aragonés hay talento, pero no hay industria

Los directores Javier Macipe, Paula Ortiz y Pilar Palomero, acompañados del actor Pepe Lorente, la realizadora Blanca Torres, la diseñadora de vestuario Arantxa Ezquerro y la alcaldesa Natalia Chueca durante el pregón de las últimas Fiestas del pilar. Javier Belver, EFE.

Escrito por Guillermo Muñiz, Claudia Lacruz y Nicolás Caracciolo

Aragón vive una generación de talento cinematográfico única, la liderada por los directores Javier Macipe, Paula Ortiz y Pilar Palomero. Sin embargo, la mayoría de ellos tienen que irse fuera de Aragón para poder levantar sus proyectos. A causa de una industria cinematográfica débil y sin suficiente apoyo institucional, Aragón corre el riesgo de dejar escapar una de las mejores camadas de cineastas de su historia.

Aragón y el cine han estado íntimamente relacionados desde los inicios del séptimo arte en nuestro país. Sin ir más lejos, la película más antigua que se conserva –no así que se grabó– en España, es la conocida “Salida de misa de doce del Pilar”, de finales de 1899, por el zaragozano Eduardo Jimeno Correas, objeto de homenaje del documental sobre el cine en Aragón que desde 2024 se graba interrumpidamente por las directoras Isabel Soria y Vicky Calavia. El inicio de este documental que recorre, según han afirmado en diferentes entrevistas, la historia de las personalidades ligadas al cine aragonés comienza con una versión de esta “Salida de misa de doce”. 

Daniel Monzón: “Desde fuera se percibe que hay un caldo de cultivo en Aragón. De repente el cine aragonés tiene identidad, se ubica en el mapa”

La historia no acaba aquí. Teruel, la provincia olvidada, guarda en su haber, cineastas de la talla de Segundo de Chomón o Luis Buñuel, natural de Calanda. El primero, pionero del cine y los artificios que dotan de magia a este arte, desarrolló gran parte de su carrera en Francia, cuna de la cinematografía, y se especializó en técnicas como el stop-motion, mientras trabajaba con los hermanos Pathé entablando relación y rivalidad profesional con el mismísimo Georges Méliès. Del segundo se conoce su tendencia al surrealismo, con un cine que explora lo onírico y lo irracional, fruto de la época donde afloran las vanguardias, y haciéndose cineasta fuera de Aragón, en la concurrida e ilustre Residencia de Estudiantes de Madrid, donde compartió experiencias con Federico García Lorca, Salvador Dalí o Rafael Alberti, y se forjó en la literatura de la Generación del 27. El cine de Buñuel atraviesa diferentes cambios y evoluciones que culminan en una de las obras de referencia del cine español, la atrevida y mordaz Viridiana, de 1961, Palma de Oro en Cannes.

Javier Macipe con su Premio Goya a Mejor Director Novel ganado en 2025 por La Estrella Azul. EFE.

En lo que a cineastas aragoneses se refiere, tiende a ser constante un cine marcado por la crítica social, y muy al corriente de las tendencias sociales. Es inevitable mencionar, como parte fundamental del contexto, la figura de Carlos Saura, natural de Huesca, ciudad a la que según muestran sus viajes repetidos y las palabras de su amigo y crítico Luis Alegre, guardaba un especial cariño. Saura hizo un cine de autor, marcado por el trauma de la Guerra Civil, y muy comprometido con la memoria colectiva y la crítica social. Películas como Cría Cuervos (1976) muestran su interés por la infancia o la concepción de la vida y la muerte, conceptos imposibles de desligar al autor por la personalísima manera en la que los trata. Definir, en un párrafo, la figura de Carlos Saura es pecar de pretensión y reduccionismo, pero puede decirse sin miedo que en la calle Padre Huesca, perpendicular al Coso Bajo, nació una de las grandes figuras del cine español.

La herencia de cineastas tales como los nombrados no se queda corta en cuanto a talento y a una mirada especial, así lo muestran los pregoneros de las Fiestas del Pilar de 2025: Javier Macipe, Paula Ortiz y Pilar Palomero. Reparto de Goyas en el balcón del ayuntamiento.  Las nuevas voces en la cinematografía aragonesa pisan fuerte desde un cine preciosista –La novia (2015), Paula Ortiz–, que no olvida la tierra –La Estrella Azul (2023) Javier Macipe– y muy comprometido con las voces femeninas –Los Destellos (2024) Pilar Palomero, Las Niñas (2020) Pilar Palomero o Teresa (2023) Paula Ortiz–.

El cine aragonés vive una grandísima generación de talento como no la había visto en mucho tiempo, una generación que más allá de su reconocimiento, destaca por la potencia de sus voces autorales, con discursos únicos y personales. Daniel Monzón, uno de los directores españoles más relevantes de este siglo, nacido en Mallorca, pero con padre de Mora de Rubielos, Teruel, y con éxitos en premios y taquilla como Celda 211 (2009) o El Niño (2014), nos confirma que esto no es solo algo que apreciamos desde la comunidad, sino que es algo de lo que el panorama cinematográfico nacional está al tanto: “Desde fuera se percibe que hay un caldo de cultivo en Aragón. De repente, el cine aragonés tiene identidad, se ubica en el mapa. De un tiempo a esta parte está cogiendo muchísimo peso, como hace años lo cogió el cine andaluz y vasco”. Sin embargo, hay un denominador común a prácticamente todos los proyectos de estos directores aragoneses: no es cine producido en Aragón. El exilio del talento responde a una fuga de cerebros en dirección a las grandes ciudades españolas por la imposibilidad de hacer cine en la Comunidad Autónoma. “El mayor problema es que no hay industria. Debe haber un apoyo de las instituciones a esta serie de nombres tan potentes, porque, por desgracia, el cine cuesta dinero.”

Hacer una película en Aragón es prácticamente un ejercicio de supervivencia.

Paula Ortiz durante el rodaje de La Virgen Roja en Madrid.

Si analizamos las últimas películas de los tres directores que lideran el cine aragonés. únicamente La Estrella Azul, de Javier Macipe ha sido producida en Aragón, algo, de hecho, exigido al narrar la historia del músico Mauricio Aznar. La Virgen Roja, dirigida por Paula Ortiz fue producida por Amazon y rodada en Madrid, mientras que, Los Destellos, de Pilar Palomero, fue producida y rodada en Cataluña.

“En Aragón no hay cine producido desde Aragón. Este año 2025 se ha producido Rider, dirigida por Ignacio Estaregui, Tierra Baja, dirigida por Miguel Santesmases y Cariñena Vino del Mar, dirigida por Javier Calvo. Tres películas, eso para una comunidad no es industria. Aquí los técnicos no pueden vivir de esto. Los productores, los directores de fotografía, los cámaras, los foquistas, etc., se forman aquí y se van a Madrid o a Barcelona.”, relata Ignacio Lasierra, director del Grado de Comunicación Audiovisual de la Universidad San Jorge y director aragonés con amplia trayectoria en el cortometraje que prepara su primer largometraje. “Los directores que estamos aquí somos francotiradores absolutos. Hacemos lo que podemos con lo que tenemos”.

El cine aragonés vive una generación única, pero su industria sigue siendo una industria muy minoritaria en la que los directores no pueden llevar a cabo sus proyectos. Cuando la gente habla de cine aragonés, normalmente habla de películas dirigidas por directores aragoneses, pero eso no es completamente cierto, puesto que el cine aragonés es el cine producido en Aragón, algo que, es casi inexistente en la categoría de largometrajes de ficción.

Ignacio Estaregui, director de Justi&Cia (2014) y Miau (2019), es uno de los pocos directores que tenemos en activo en la comunidad. Muestra su preocupación por la situación de los directores de nuestra comunidad, y es que, “Corremos el riesgo de dejar escapar la mejor generación que ha existido en años si creemos que el mero hecho de albergar talento hace fuerte a una industria, ya que, al final, el creador lo que busca es poder financiar su obra y acudirá donde haga falta para poder hacerlo”. En 2025 estrenó Rider, la película más grande del año en la industria aragonesa y que solo contó con 250 mil euros de presupuesto y doce noches de rodaje. Para hacernos una idea, la media para un largometraje en España es un presupuesto de en torno a tres millones de euros y siete semanas de rodaje. “Rider fue concebida como una producción que se pudiera adaptar al modelo más viable posible en estos momentos en Aragón, es decir, sabiendo los recursos que podíamos alcanzar. No se pueden afrontar otro tipo de producciones más grandes”.

Estaregui, junto a la actriz Mariela Martínez, en el rodaje de Rider (2025) en las calles de Zaragoza.

Esa dificultad para poder levantar largometrajes hace que la mayoría de las producciones de ficción que se realizan en nuestra comunidad sean cortometrajes. “El papel de los cortometrajes es fundamental para la industria aragonesa. No somos tierra de largometrajes de ficción, somos tierra de largometrajes de documentales, y los cortometrajes, por el perfil que están cobrando, de mayor envergadura y presupuesto, son un pilar para que la industria se mantenga y no se limite solo a Aragón TV”, expresa Víctor Izquierdo, uno de los directores y productores de cortometrajes de mayor relevancia en la actualidad en Aragón, ganador de siete Premios Simón en 2024 con su cortometraje El Nuevo Barrio.

Su siguiente paso le gustaría que pudiera ser un largometraje de ficción. “Aragón es un gran plató para rodar porque aquí todo es más barato y logísticamente está muy bien, pero a nada que eres un director o directora con inquietudes de rodar un largometraje de ficción aquí es muy complicado. O te limitas a hacer lo que hace Estaregui, con el presupuesto que puedes conseguir aquí y que tanto te limita, o te tienes que ir fuera o, directamente, no rodar ficción”. Ignacio Estaregui es el ejemplo paradigmático de la lucha por sacar largometrajes adelante en nuestra comunidad, algo a lo que también hace referencia Ignacio Lasierra, que estuvo trabajando como su ayudante de Dirección en Rider: “Haces cine con lo que puedes. Bastante mérito tiene. Justi&Cia tuvo un presupuesto de 300 mil euros y logró colarse en los Premios Feroz”.

Convoy de rodaje de Rider, en el que se encuentran Ignacio Estaregui e Ignacio Lasierra. Sara Luna Zabaltegui.

Luis Alegre, periodista, escritor y una de las personas que mejor conoce el cine aragonés y nacional cuenta que “no hay un tejido industrial potente que permita ganarse la vida en Aragón con el cine. El cine es una industria muy exigente que se desarrolla en los lugares económicos más poderosos”. Teniendo en cuenta la industria minoritaria que hay en nuestra comunidad no encuentra “una razón contundente para explicar el idilio de Aragón con el cine y, lo más sensato, aunque parezca una teoría muy excéntrica se la escuche a Bigas Luna –director de la mítica Jamón, Jamón (1992), entre otras– diciendo que para hacer cine hay que ser muy testarudo y cómo los aragoneses somos tan obstinados ahí puede radicar la explicación”.

La industria aragonesa no está a la altura del talento que surge de ella. Hacer películas en Aragón es prácticamente un ejercicio de supervivencia. No hay solución fácil que vaya a permitir tanto que los más que consagrados Javier Macipe, Pilar Palomero y Paula Ortiz puedan hacer sus películas en nuestra comunidad o que Ignacio Estaregui, Víctor Izquierdo o Ignacio Lasierra, entre otros tantos puedan sacar adelante sus proyectos, pero todos apuntan a la falta de apoyo institucional. Estaregui tiene claro que “mientras no exista la voluntad política de considerarlo un sector estratégico no se desarrollará una industria fuerte. Hacen falta muchos más recursos, más inversión y una mejor estructura para llevar a cabo proyectos de envergadura a nivel de producción nacional e internacional.” Víctor Izquierdo apunta también a las deficiencias de la estructura industrial aragonesa: “las instituciones públicas tienen que ponerse las pilas y conocer la especialidad de hacer cine. A la hora de rodar y justificar ayudas no se pueden comparar a los tiempos de otros sectores de la cultura”.  Aun así, la gran problemática es la falta de apoyo económico. “Mientras no haya incentivos fiscales que nos puedan equiparar a otras comunidades autónomas ninguna productora querrá venir a rodar aquí, y eso que ya lo hacen gracias a nuestros inconmensurables parajes. Podemos imaginar que ocurriría si, además de esto, tuviéramos incentivos fiscales. Muchas veces se olvida que la cultura no solo habla del patrimonio que ya tenemos, sino que genera el valor de lo que somos ahora y de lo que seremos en el futuro”.

Ignacio Lasierra: “Los directores que estamos aquí somos francotiradores absolutos. Hacemos lo que podemos con lo que tenemos”

Los profesionales del sector cinematográfico aragonés tienen esperanza de que esto poco a poco vaya cambiando. Pese a todos los pasos que falten por dar en su industria, el futuro es esperanzador. Que Pilar Palomero, Javier Macipe, Paula Ortiz, el actor Pepe Lorente, la diseñadora de vestuario Arantxa Ezquerro y la realizadora Blanca Torres fueran los pregoneros de las últimas Fiestas del Pilar es un paso que, si bien no tiene un impacto directo en la industria, refleja los pequeños avances que se están logrando y todo lo bueno que está por llegar gracias al esfuerzo que todos los trabajadores del sector hacen cada día. “Como los maños y las mañas, tenemos muchos Pilares, símbolo de lo que es firme cuando todo tiembla. El cierzo nos cría fuertes y peleones” dijo Pilar Palomero en el balcón del ayuntamiento poniendo como “fe de ello” a sus compañeros a los que ha visto “pelear y luchar para sacar adelante proyectos que parecían imposibles”.  Javier Macipe aprovechó para que ellos, pese a estar en el balcón, no son más que “la cara visible de un trabajo que se hace en equipo” y que, en concreto, La Estrella Azul se hizo con todo el amor de esta ciudad, que, con enorme valor, nos ayudó a cumplir un sueño que parecía imposible”.

Los cineastas aragoneses encargados del pregón de las Fiestas del Pilar 2025 en el balcón del ayuntamiento. AZ.

Si algo nos deja claro es que en Aragón no existiría el cine sin todo ese talento que se desvive por su amor al séptimo arte día tras día, y esos son los que poco a poco, si reciben apoyo institucional, serán los encargados de conseguir una industria que respalde y apoye todo su talento. Ignacio Estaregui mira al futuro con optimismo: “En Aragón y en Zaragoza tenemos grandes profesionales que todavía mantienen un alto grado de compromiso con proyectos locales para poder, entre todos, levantar la industria audiovisual aragonesa. Poco a poco, con la unión de todos, y sobre todo con voluntad política, estoy convencido de que se conseguirán dar pasos hacia adelante, hacer producciones cada vez más grandes y asentar el trabajo y la industria audiovisual en Zaragoza y en Aragón”.

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