Entrevistas

Blanca Serrano: «El teatro se acerca a lo sagrado porque solo existe mientras ocurre»

Directora, profesora y actriz de teatro, Blanca Resano reflexiona sobre la esencia del hecho teatral, su carácter irrepetible y los retos actuales del sector, desde la presencia de los jóvenes hasta el papel de la mujer en las artes escénicas. 

“El teatro es único por su condición de directo. Es un acontecimiento que sucede en un instante preciso y no en otro”, así define Blanca la esencia de un arte que, a diferencia del cine o las series, no puede repetirse ni capturarse. Para ella, cada función es un acto irrepetible en el que “todo está expuesto a lo imprevisible” y donde reside también su verdad: en la capacidad de sostener lo inesperado sin romper la ficción.

En ese tiempo compartido, no solo el equipo artístico habita la escena: “El espectador forma parte de ese mismo tiempo. Vive una experiencia que es a la vez ficción y realidad, y la asume como propia”. Por eso, insiste, aunque una obra vuelva a representarse, “nunca será exactamente la misma”. Cada encuentro es distinto.

Esa dimensión efímera y viva del teatro es, en su opinión, lo que lo diferencia de otros formatos audiovisuales. Una idea que va más allá de lo técnico y se acerca a lo emocional: “Por eso, quizá, el teatro se acerca a lo sagrado. Porque solo existe mientras está ocurriendo”.

Más allá de su esencia, Blanca pone el foco en uno de los grandes retos del sector: el público joven. “Es una realidad que me preocupa”, afirma, especialmente desde su experiencia como docente en la Escuela Municipal de Teatro de Zaragoza. Considera que el problema no pasa por crear únicamente contenidos dirigidos a este colectivo, sino por facilitar su acceso y hacer que sientan el teatro como un espacio propio.

“Deberían existir precios especiales para jóvenes, como ocurre en otras ciudades de España, especialmente en Madrid”, señala. Pero no se trata solo de una cuestión económica, también defiende la necesidad de desarrollar una programación cultural que despierte su interés: “De lo contrario, parece que el teatro queda relegado a una etapa posterior de la vida”.

En cuanto al papel de la mujer en el sector, su visión es clara pero matizada. Reconoce avances en los últimos años, especialmente en visibilidad, pero advierte que todavía existen desigualdades: “Se han producido avances, pero todavía no existe una representación equilibrada en espacios de poder y decisión”.

Blanca recuerda iniciativas como el proyecto Reinas, con la plataforma Actrices para la escena, impulsado hace más de una década para visibilizar a las mujeres en las artes escénicas, en un momento en el que “nuestra presencia había sido, en gran medida, invisible”. Aunque hoy en día la situación ha mejorado, insiste en que persisten barreras más sutiles: “Ese llamado ‘techo de cristal’ ya no siempre se percibe como un obstáculo evidente. Es un cristal tan limpio que incluso puede parecer que no existe”.

Su vínculo con el teatro, sin embargo, trasciende cualquier análisis. Se remonta a la infancia, cuando con apenas nueve años descubrió el escenario: “Me sentí como pez en el agua. Como si ese fuera mi lugar natural”. Desde entonces, esa sensación no ha desaparecido.

“A día de hoy, sigo entrando por la puerta de un teatro y me sigo estremeciendo”, confiesa. Una emoción que compara con la experiencia de quienes tienen fe: “Para mí, el hecho teatral es eso. Es mi religión. Mi refugio. El lugar donde siento que estoy en casa”.

Para Blanca Serrano, el teatro no es solo una profesión, sino una forma de estar en el mundo. Un espacio donde lo efímero se vuelve esencial y donde, a pesar de las dificultades del sector, sigue encontrando el sentido de todo lo demás.

Acerca del autor

Carla Martín

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