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Los alumnos de cuarto de comunicación audiovisual y doble grado realizan su primer cortometraje

Todos los años en la asignatura de producción audiovisual, los alumnos de comunicación audiovisual y doble titulación deben realizar un cortometraje y experimentar en primera persona todos los entresijos del mundo del cine, desde la preproducción hasta la distribución, pasando por el intenso rodaje y la postproducción.

 El proceso comenzó con el reparto de roles, donde cada equipo, compuesto de 10 a 11 alumnos, debe dividirse el trabajo en: Productor, Director, Ayudante de dirección, Dirección de arte, Dirección de fotografía, Operador de cámara, Sonido, Edición, Departamento de comunicación y Script. Con el trabajo repartido y las funciones claras, los tres equipos deben sumergirse en el proceso creativo de crear una historia, que es donde entran los directores de los tres proyectos, con los que Dragón Digital ha podido hablar antes de su estreno el próximo 17 de junio en los Cines Aragonia.

 El primer corto en rodarse fue “Saturno”, dirigido por Beatriz Aparicio. Este shortfilm es la historia de dos artistas que llevan su arte al extremo, poniendo en peligro sus vidas. “El primer guion surgió como una idea totalmente nueva, a raíz de haber leído varias historias de canibalismo nos apetecía hacer algo oscuro que tuviera algo que ver, relacionándola con un tema artístico. La desarrollamos en grupo para la asignatura y finalmente escribimos el guion definitivo entre 3 personas”, explica su directora. El segundo cortometraje en rodarse fue “Ni de coña”, dirigido por Judith Torres. “Estaba viendo Tarde de perros cuando se me ocurrió la idea original. Pausé la película y llamé a Lucía Plou (la que después fue ayudante de dirección) repetidas veces. Tras cinco intentos, Lucía me llamó y decimos utilizar la idea para la asignatura. Una idea que posteriormente seguimos desarrollando”, apunta. El tercero y último en rodarse fue “Inconfesable”, dirigido por Pablo Giménez. “El guión surge el día de antes de entregarlo a nuestra profesora. Está mal así como suena, pero eso fue la escritura. Para llegar a esa idea tuve que pasar por alrededor de tres o cuatro más y escribir dos guiones. Al final estoy satisfecho con la que me quedé. La escritura del guión fue clara desde el principio y tras presentar esa primera versión fui modificándola hasta prácticamente el día antes del rodaje”, comenta.

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 Con una idea en la cabeza de cada grupo, los tres equipos se sumergen en el proceso de producción, que engloba la búsqueda de localizaciones para el rodaje, actores, financiación, etc. Cada uno de los grupos se las ingenió para conseguir financiar este proyecto sin ningún coste económico personal. Eso sí, los tres grupos tuvieron la misma idea: sortear papeletas, aunque eso sí, con premios totalmente diferentes, desde un jamón hasta una experiencia en parapente. Con el dinero conseguido, llega el ansiado día del rodaje, ese proceso calamitoso, intenso y que pese a creer que nunca termina, siempre te deja con un buen sabor de boca.

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 Pese a la gran preparación que requiere un rodaje, siempre aparecen los problemas cuando menos te lo esperas. Los tres grupos han tenido que solucionar situaciones de caos y agonía, sacando adelante los proyectos. “La mayor carencia fue la limitación de tiempo en el rodaje, ya que con un día más podríamos haber añadido más variedad de recursos”, explica Judith. “Para que nos diese tiempo a grabar el corto, eliminamos algunas partes del guion que nos dolió en el alma quitar. Si pudiésemos, grabaríamos esas partes y las añadiríamos”, añade. Laura Ortún, productora de Saturno, defiende que su mayor logro coincide con lo peor que le ha pasado realizando este cortometraje: “Conseguí que David Castillo accediera a representar a Saúl. Era un gran tirón ya que todo el mundo lo conoce por Aída, sin embargo, a pocas semanas del rodaje se echó atrás y me vi encima sin actores para grabar. Pero finalmente, hemos conseguido unos pedazo de actores que han dado vida a nuestros perturbados personajes”, explica. Pablo Giménez también recalca el problema del tiempo, que es algo en lo que coinciden los tres directores: “Pasa todo muy deprisa y hay mucho trabajo que hacer y grabar muchos planos. Lo peor como director, tener que prescindir de algunos de ellos. Por otra parte la ambición que como grupo teníamos nos hizo replantearnos muchas cosas que queríamos para encajar el presupuesto”, dice el director de Inconfesable.

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 Después del rodaje, los malos momentos quedan como simples anécdotas y los buenos momentos vividos se quedan grabados en la memoria. “Recuerdo cuando nos tocó cortarle la cabeza a un cochinillo que habíamos comprado en una carnicería. Para las escenas necesitábamos el cuerpo separado y a todos les daba algo de respeto tocar al cochinillo, así que lo hice yo con un cuchillo. Está grabado, pero ojalá ese vídeo no se haga público”, comenta Beatriz, directora de Saturno. Por otro lado, Judith recuerda “cuando el mismo día del rodaje nos dimos cuenta de que las tazas no eran naranjas, sino amarillas. O cuando ese mismo día nos dimos cuenta de que no teníamos calendario, ni cortinas acordes a la grabación. Ahora nos reímos…”. Tras los complicados días de rodaje, toca dar forma a las historias, y comprobar si lo que tenía el director en su cabeza es lo que realmente se verá en las pantallas después.

 Con el cortometraje terminado, lo importante es valorar el trabajo y quedarse con lo aprendido. En eso, los tres directores guardan estrechas coincidencias. “Realizando Inconfesable he aprendido lo que nadie hasta el momento me había sabido explicar, que era: qué es ser director de cine. Esta es una de esas experiencias que hasta que no la pruebas no sabes si todo el esfuerzo va a merecer la pena o no”, expresa Pablo Giménez. Por otro lado, Judith Torres valora que “todos hemos aprendido gracias a este rodaje. Como directora, he aprendido a confiar en un equipo, a trasladarles mis ideas de la mejor forma posible y a generar un buen ambiente de trabajo”. Por último, Laura Ortún, productora de Saturno concluye: “Yo he aprendido que quien tiene vergüenza, ni come ni almuerza. Para poder realizar un proyecto como este hay que echarle morro y jeta, si no, nadie apuesta por él”.

Podéis ver un pequeño avance de los cortometrajes gracias a la galería fotográfica.

Universidad San Jorge