Entrevistas

Rubén Gutiérrez, policía héroe: «Lo primero que hago al llegar a casa es activar el botón off»

Un día como otro cualquiera, Rubén Gutiérrez, se disponía a volver a casa tras acabar su jornada como Policía Nacional. Como siempre, regresaba a casa en metro, pero el viaje en el que se iba a embarcar sería distinto. Una mujer se había desplomado hacia las vías del metro. Tras los gritos de socorro de decenas de personas que no reaccionaban,  el valiente agente no dudó un instante en saltar del andén y salvar a la mujer. Este es su testimonio.

Pregunta: Dio la casualidad de que estaba en ese andén cuando la mujer se desplomó. ¿Cómo se dio cuenta de que una mujer había caído a las vías?

Respuesta: De repente oigo un golpe seco y gritos de gente. Entonces me levanto, me asomo y veo que en el mismo andén que yo, pero en la otra punta, una señora había caído a la vía a la vez que se veía desde el túnel los faros del convoy viniendo.

P: En las imágenes se le ve a usted corriendo por la vía. ¿Cree que si no hubiese sido por usted, el convoy no se hubiera percatado de la presencia de la mujer desplomada?

R: Por lo que me dijo uno de los conductores, gracias a que me vieron corriendo por la vía pudieron ir ralentizando la marcha. Si el vagón hubiese entrado un poco más, el frenazo habría ocasionado muchos pasajeros lesionados.

P: Parece que usted no duda ni un instante en saltar del andén. ¿No temió por su propia integridad?

R: En ese momento no te paras a pensar. Si salto es porque sé que la puedo sacar o que por lo menos puedo llegar hasta ella y que el convoy me puede ver para frenar.

P: La profesión va por dentro en todo momento…

R: Tener un trabajo en el que te pasan cosas que no son corrientes (peleas, rescates, tiroteos…) te hace estar más habituado. Supongo que ejercer esta profesión desde hace 14 años tiene algo que ver, claro.

P: ¿Cree que si no fuese policía, habría actuado de esa manera?

R: Creo que sí. Mi ética es exquisita y procuro en todo momento ser correcto y educado. Soy de los que ven a alguien tirado con el coche y me bajo para ayudarles a empujar. Mis padres me han educado de esa manera.

P: Después de todo este revuelo mediático, ¿Mantiene algún contacto con la mujer que salvó?

R: No hemos podido quedar todavía. Ella por motivos familiares o yo porque me pilla con un curso de ascenso y apenas tengo tiempo para quedar con mis amigos siquiera. Toda esta repercusión mediática y los reconocimientos, que es algo tan bonito, tampoco tengo tiempo de saborearlos.

P: Hablando de los reconocimientos, usted recibió la medalla al mérito policial de distintivo rojo. ¿Ha habido algún suceso en su carrera policial que merezca esa distinción?

R: Claro, todos los que hayamos estado en seguridad ciudadana tenemos batallitas que contar. Recuerdo el año mío de prácticas que paré un BMW de cinco delincuentes con dos pistolas y dos kilos de cocaína. ¿Qué me dieron? Dos palmaditas en la espalda porque estaba de prácticas.

P: ¿Esta medalla supone algún tipo de ascenso policial?

R: Es un reconocimiento muy importante, sobre todo  a nivel personal. “La roja” es lo más que te pueden dar mientras estés vivo. No supone un ascenso, eso lo logré por mis propios méritos.

P: ¿Cómo le ha cambiado la vida en general después de todo?

R: En verdad, no me ha cambiado. Hay más bromas y contacto con los amigos, mucho cachondeo sano. Lo que más te alegra son las felicitaciones de los propios compañeros de trabajo, aunque soy consciente de que de esto en unos días ya no se acordará nadie salvo mi familia y mis amigos.

P: Son ya 14 años dedicados al Cuerpo Nacional y otros muchos de su padre y hermana. Parece que este oficio es genético…

R: No creas. Mi padre nunca hablaba al llegar a casa de su trabajo y me parece una decisión muy acertada porque los problemas del trabajo se deben de quedar en el trabajo. Al principio no me pasaba pero ahora que ya llevo unos años lo primero que hago al llegar a casa es activar el botón “off”.

Informa: Pedro Anía

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